Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
2 Corintios 4:7
En este pasaje, el apóstol Pablo nos recuerda un principio fundamental de la vida cristiana: somos vasos de barro que contienen un tesoro inigualable, la presencia de Dios en nuestras vidas. Este tesoro, representado por la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, es lo que nos distingue y nos llena de valor.
Es interesante notar que Pablo elige la metáfora de los vasos de barro para describirnos. ¿Por qué no vasos de oro o porcelana? La respuesta es clara: Dios no busca la ostentación externa ni la fortaleza del material, sino la humildad y la dependencia en Él. Al ser vasos de barro, reconocemos nuestra fragilidad y limitación, pero también entendemos que en nuestra debilidad, Dios muestra su poder y su gloria.
¿Qué significa ser vasos de barro en la práctica? Significa que somos instrumentos útiles en las manos de Dios, dispuestos a ser utilizados en cualquier momento y para cualquier propósito que Él tenga para nosotros. No importa cuán ordinarios o imperfectos nos consideremos, Dios puede y quiere usar nuestras vidas para su gloria.
Además, ser vasos de barro nos enseña a no enorgullecernos ni confiar en nuestras propias fuerzas. Todo lo que somos y todo lo que hacemos es gracias a la gracia de Dios que obra en nosotros. Por lo tanto, no debemos tener un concepto elevado de nosotros mismos, sino reconocer nuestra dependencia total de Dios y su poder transformador.
Así como los vasos de barro eran utilizados para el uso diario y para servir a todas las personas sin distinción, nosotros también debemos estar disponibles para servir a Dios y a los demás en todo momento y en todas las circunstancias. No importa quién sea la persona que necesite ayuda o aliento, estamos llamados a ser instrumentos de amor y compasión en manos de Dios.
En resumen, ser vasos de barro es un privilegio que nos permite llevar el tesoro de la presencia de Dios en nuestras vidas. Que podamos abrazar nuestra fragilidad y dependencia en Él, confiando en que su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Que seamos vasos útiles en sus manos, dispuestos a servir y a glorificar su nombre en todo momento.
OREMOS: Padre celestial, te agradecemos por recordarnos que somos vasos de barro llenos de tu tesoro celestial. Ayúdanos a vivir cada día según tu voluntad, siendo instrumentos de tu amor y gracia en este mundo. Que tu luz brille a través de nosotros y que podamos reflejar tu gloria en todo lo que hagamos. En tus manos depositamos nuestras vidas, para que puedas usarlas según tu perfecto designio. Amén.