EL INCREIBLE AMOR DE DIOS

El amor de Dios es eterno, incondicional, paciente y transformador. A diferencia del amor humano, que a menudo falla, el amor de Dios nunca se acaba. Él nos edifica, nos restaura y hace que nuestras vidas den frutos. Descubre cómo este amor maravilloso puede cambiar tu vida para siempre.

open book on the couch


Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas. Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas. Jeremías 31:3-5

En esta semana, en muchos países se celebra el día del “amor y la amistad”. Es un momento en el que las personas intercambian regalos, comparten cenas y buscan pasar tiempo especial con quienes aman. Sin embargo, surge una pregunta importante: ¿realmente conocen el verdadero amor quienes celebran este día? Es probable que muchos solo hayan experimentado el amor humano, como el de un novio, un amigo o una amiga, pero nunca hayan conocido el amor más grande y maravilloso: el amor de Dios.

Hoy reflexionaremos sobre este amor incomparable, el amor de nuestro Dios, y descubriremos sus características únicas que lo hacen tan especial.


I) El Amor de Dios es Eterno e Incondicional (Jeremías 31:3a)

Es común escuchar promesas de amor eterno, como aquellas que muchas parejas se hacen en fechas especiales. Sin embargo, con el tiempo, esas palabras a menudo se desvanecen. Parejas que juraron amarse para siempre hoy están separadas. Pero el amor de Dios es diferente. Su amor no es como el nuestro; es eterno y no depende de nuestras acciones. Él nunca nos dejará de amar, sin importar lo que hagamos.

La Biblia nos asegura que nada puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Ni nuestros errores, ni nuestros pecados, ni ninguna circunstancia pueden hacer que Él deje de amarnos. Su amor es incondicional, un regalo que no merecemos pero que Él nos ofrece generosamente.


II) El Amor de Dios es Paciente y Misericordioso (Jeremías 31:3b)

En las relaciones humanas, es común escuchar frases como: “Me cansé de esperar que cambiaras”. Muchas veces, las personas se dan por vencidas ante los errores o defectos de otros. Pero el amor de Dios es diferente. Él no se cansa de nosotros. En lugar de abandonarnos, nos extiende su misericordia una y otra vez.

La palabra “prolongar” tiene un significado profundo: significa hacer que algo dure más tiempo o se extienda. Dios prolonga su misericordia hacia nosotros porque no quiere que nos perdamos. Él nos busca cada día, nos llama a volver a Él, a pesar de nuestros pecados y de lo lejos que podamos estar de sus caminos (2 Pedro 3:9). Sin embargo, es importante recordar que su paciencia tiene un límite. Si ignoramos su llamado, llegará un día en que será demasiado tarde (Romanos 10:21; Apocalipsis 20:15).


III) El Amor de Dios nos Edifica (Jeremías 31:4)

El amor humano a veces puede ser destructivo. Hay quienes dicen amarnos, pero con sus acciones, infidelidades o maltratos, destruyen nuestra vida. Otros buscan solo un momento de placer, dejando corazones rotos y vidas en ruinas. Pero el amor de Dios no es así. Su amor edifica, no destruye.

Dios es experto en reconstruir lo que está en ruinas. Él toma nuestras vidas destrozadas y las transforma en algo hermoso (Isaías 44:26). Además, Jesús nos prometió que está preparando un lugar para nosotros en su reino (Juan 14:2). Su amor no solo nos restaura, sino que también nos prepara un futuro glorioso.


IV) El Amor de Dios nos Hace Fructificar (Jeremías 31:5)

Algunas relaciones son tan tóxicas que secan el alma. El maltrato, los celos, las burlas y el menosprecio pueden convertir el corazón en un desierto. Pero el amor de Dios es vida. Él siembra en nosotros semillas de gozo, esperanza y paz, para que demos frutos agradables para Él.

No importa cuán seca o marchita esté tu vida, el amor de Dios puede renovarte. Como dice Isaías 35:1, el desierto se alegrará y florecerá como la rosa. Dios tiene el poder de transformar tu vida y hacerla fructífera.


El amor de Dios es eterno, incondicional, paciente, misericordioso, edificante y transformador. Es un amor que no se compara con nada en este mundo. Mientras el amor humano puede fallar, el amor de Dios permanece para siempre. Hoy, Él te extiende su amor y te invita a recibirlo. ¿Aceptarás este regalo maravilloso?


Oración

Padre celestial, gracias por tu amor eterno e incondicional. Gracias porque, a pesar de nuestros errores, nunca nos abandonas y siempre nos buscas con paciencia y misericordia. Reconocemos que tu amor nos edifica y nos transforma, haciendo que nuestras vidas den frutos agradables a ti. Hoy te pedimos que nos ayudes a comprender la profundidad de tu amor y a compartirlo con quienes nos rodean. Renueva nuestro corazón y guíanos siempre por tus caminos. En el nombre de Jesús, amén.


Descubre más desde DEVOCIONALES PASTOR OSCAR FLORES

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Autor: Pastor Oscar Flores

Pastor del Tabernaculo Biblico Bautista de Santo Tomas desde el año 2009, graduado en el Seminario Teológico Bautista de El Salvador, y ordenado al pastorado, espero que los bosquejos sean de bendición para sus vidas y para sus ministerios. CONTACTO: Whatsapp: +503 6313-7669, Email: pastoroscarflores@gmail.com

Deja un comentarioCancelar respuesta

Descubre más desde DEVOCIONALES PASTOR OSCAR FLORES

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Salir de la versión móvil
%%footer%%