DERRIBANDO EL MURO DE NUESTROS LAMENTOS


«Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.» Mateo 24:1-2

En el año 70 d.C., las tropas romanas, bajo el mando de Tito Flavio, destruyeron completamente el Templo de Jerusalén, tal como Jesús había profetizado. Hoy, lo único que queda de ese majestuoso templo es el conocido Muro de los Lamentos, un lugar sagrado donde los judíos oran y lamentan su destrucción, esperando la reconstrucción. Para nosotros, como cristianos, este muro puede simbolizar algo más profundo: Nuestra vida espiritual que puede convertirse en un «muro de los lamentos» si no nos mantenemos conectados con Dios.

Como el templo que quedó reducido a escombros, nuestra vida espiritual puede perder su esplendor cuando abandonamos nuestro primer amor. Si nos alejamos de la comunión con Dios y dejamos que el desánimo, la apatía o el pecado invadan nuestro corazón, solo quedan recuerdos de lo que un día fue una relación viva con Él.

Muchos cristianos no se congregan ni buscan a Dios porque han levantado su propio «muro de lamentos». Se quejan de los errores y pecados de otros, de las fallas de los líderes o de las decepciones que han experimentado. Pero mientras se mantienen en ese muro, su vida y la de sus familias se deterioran espiritualmente.

Dios nos llama hoy a dejar de lamentarnos y a derribar esos muros que nos impiden volver a Él. No podemos permitir que las excusas o los errores ajenos nos alejen de nuestra relación con Dios ni de la responsabilidad de guiar a nuestras familias por sus caminos.

    Oración

    Señor, reconozco que a veces he levantado muros de lamento en mi vida, permitiendo que las decepciones y las excusas me alejen de Ti. Ayúdame a derribar esos muros que me impiden avanzar en mi relación contigo. Renueva en mí el primer amor, que mi vida sea un reflejo constante de adoración y devoción. Guía también a mi familia, que juntos podamos caminar en tus caminos y no alejarnos de tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.

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