Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre 2 Corintios 9:6-7
Comenzamos este nuevo año reflexionando sobre una verdad bíblica fundamental: la ley de la siembra y la cosecha. Esta ley no solo rige la naturaleza, sino que también tiene un profundo impacto espiritual en nuestras vidas. Lo que sembremos este año, ya sea material o espiritualmente, determinará en gran medida la cosecha que recogeremos en nuestra vida y en nuestra familia.
La ley de la siembra y la cosecha es una verdad establecida por Dios. Es eterna, inmutable y afecta tanto el ámbito natural como el espiritual. Cuando sembramos con fe y obediencia, cosechamos no solo provisión material, sino también bendiciones espirituales que enriquecen nuestra relación con el Señor.
VEAMOS ALGUNAS REFLEXIONES MUY IMPORTANTES PARA TENER UNA COSECHA DE BENDICIÓN EN EL 2025
Reflexión 1: La cosecha depende de nuestra siembra
“El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).
En la naturaleza, entendemos que para cosechar, primero debemos sembrar. De igual manera, en el ámbito espiritual, nuestra cosecha está directamente relacionada con la calidad y cantidad de nuestra siembra:
- Se necesita una semilla: Sin semilla, no hay cosecha. Lo mismo sucede cuando retenemos lo que Dios nos ha dado y no lo sembramos para Su Reino.
- Se necesita un terreno adecuado: La semilla debe caer en buena tierra. Esto nos desafía a invertir en el Reino de Dios, donde nuestra siembra tiene un impacto eterno.
- La cosecha es proporcional a la siembra: Si sembramos escasamente, nuestra cosecha será limitada, pero si sembramos con generosidad, cosecharemos abundantemente.
¿Qué cosecha puede esperar alguien que no siembra nada? Es una pregunta para reflexionar profundamente.
Reflexión 2: Sembrar en el terreno correcto
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8).
Muchos cristianos siembran abundantemente, pero en terrenos equivocados: en vanidades, vicios o relaciones dañinas. Esto trae como resultado una cosecha de frustración y corrupción. En cambio, cuando sembramos en el Reino de Dios, como dice Proverbios 3:9-10, Dios promete sobreabundancia en nuestras vidas.
Este año, haz un compromiso con Dios: siembra en Su Reino a través de tus diezmos y ofrendas. Contribuye al avance de Su obra, para que Su iglesia siga predicando el evangelio y transformando vidas.
Reflexión 3: Sembrar con constancia y fe
“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2).
Un agricultor próspero no siembra solo una vez, sino que lo hace de manera constante. De la misma manera, nuestra fidelidad en diezmar y ofrendar debe ser una práctica constante, sin importar las circunstancias que enfrentemos.
Eclesiastés 11:4 nos advierte sobre no permitir que las dificultades nos detengan: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” Confía en las promesas de Dios, no en tus circunstancias. Aunque en este inicio de año puedas sembrar con lágrimas, la promesa de Dios es que cosecharás con alegría (Salmo 126:5).
Oración
Señor, en este nuevo año quiero sembrar abundantemente en Tu Reino. Ayúdame a confiar en tus promesas y a no fijarme en las circunstancias. Dame un corazón generoso y constante para diezmar y ofrendar con fe. Sé que Tú harás realidad Tu palabra y que cosecharé bendiciones espirituales y materiales. Gracias por Tu fidelidad, en el nombre de Jesús. Amén.
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