“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”.Oseas 2:14:
El desierto, en su forma física, es un lugar seco y árido, pero también simboliza tiempos difíciles en la vida espiritual de una persona. Estos tiempos de sequía espiritual pueden manifestarse como soledad, angustia, enfermedad, o escasez. Sin embargo, es en esos momentos que Dios nos lleva al desierto no para abandonarnos, sino para hablar a nuestro corazón y tratar directamente con nuestras vidas.
A veces, el desierto no es externo, sino interno. Llevamos el desierto dentro de nosotros cuando nuestra alma está seca, sin vida, cuando hemos perdido la alegría y la comunión con Dios. Esto ocurre cuando nos hemos alejado de Su presencia, cuando los pecados y el enfriamiento espiritual nos han alejado tanto de Él que, aunque seamos cristianos, vivimos como si no lo fuéramos, enfocados solo en los placeres de este mundo.
Dios, a través del profeta Ezequiel, nos da una poderosa imagen de lo que sucede cuando el desierto está dentro de nosotros. En Ezequiel 37, encontramos el valle de los huesos secos, una representación gráfica de la desesperanza y la muerte espiritual. Pero también vemos cómo Dios tiene el poder de dar vida a lo que parece estar completamente muerto y sin esperanza.
¿Qué significa llevar el desierto en el corazón?
El desierto representa deshonra (Ezequiel 37:1-2):
Los huesos secos esparcidos en el campo representan una profunda deshonra. Del mismo modo, en nuestras vidas, el desierto interior representa momentos en los que hemos deshonrado a Dios, a nuestra familia, o a nosotros mismos, viviendo sin temor de Dios, exponiendo nuestro enfriamiento espiritual.
Los huesos secos simbolizan algo muerto por mucho tiempo (Ezequiel 37:2):
Los huesos estaban secos en gran manera, indicando que habían estado muertos por mucho tiempo. Esto describe una vida que ha estado seca espiritualmente por un largo período, sin gozo, sin devoción, y sin comunión con Dios. Muchas veces nos dejamos secar como un desierto, perdiendo el contacto con lo que alguna vez nos dio vida.
La respuesta a los huesos secos está en Dios (Ezequiel 37:3):
Ezequiel no sabía si los huesos secos podían vivir, pero reconoció que solo Dios tiene la respuesta. De la misma manera, cuando sentimos que nuestra vida espiritual está muerta, solo Dios puede restaurarla. Él sabe exactamente lo que necesitamos para revivir nuestros corazones secos y volver a sentir Su presencia en nuestras vidas.
El avivamiento viene a través del poder y la palabra de Dios (Ezequiel 37:4-5):
Dios le ordena a Ezequiel que profetice a los huesos secos y les hable la palabra del Señor. La Palabra de Dios es lo único que puede dar vida a nuestro desierto interior. Si sentimos que estamos espiritualmente muertos, debemos volver a la Palabra de Dios, leerla, meditar en ella y dejar que nos transforme.
Si hoy sientes que llevas el desierto dentro de ti, recuerda que Dios es el único que puede dar vida a esos huesos secos. Él puede transformar tu desierto en tierra fértil y hacer florecer tu vida nuevamente. Solo necesitas volver a Él, rendir tu corazón y permitir que Su poder te restaure.
Oración: Señor, reconozco que he permitido que mi corazón se convierta en un desierto, que he dejado que mi vida espiritual se seque. Hoy vuelvo a Ti, pidiéndote que hables a mi corazón y le des vida a todo lo que está muerto en mí. Renueva mi espíritu, aviva mi fe, y lléname de tu gozo y tu paz. Te pido que me ayudes a caminar nuevamente contigo, fortalecido por tu Palabra y lleno de tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.
