EL CAMBIO QUE NUESTRA VIDA NECESITA

1 Pedro 3:10-12
«Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.»


Hay momentos en los que reconocemos que algo debe cambiar en nuestras vidas. Nos sentimos estancados, insatisfechos o frustrados, y lo primero que buscamos es mover cosas externas: cambiar de casa, de empleo, de pareja, de país… incluso de iglesia. Y aunque algunos de esos cambios pueden traer cierta novedad, la verdad es que muchas veces descubrimos que por dentro todo sigue igual. Tristeza, conflicto, ansiedad… ¿Qué está fallando?

La respuesta está en la Palabra de Dios. En este pasaje de 1 Pedro, el Señor nos muestra el tipo de cambio que realmente transforma nuestra vida. Un cambio que comienza en el corazón, no en el exterior.

1. Cambia tu actitud negativa hacia la vida… y hacia Dios

«Refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño» (v.10b)

No podemos esperar ver cosas buenas si constantemente hablamos con amargura y pesimismo. Dios nos dice que si queremos amar la vida y ver días buenos, debemos comenzar por refrenar nuestra lengua.

Muchos se quejan diciendo: “Dios no me oye”, “a nadie le importo”, “siempre me va mal”… pero esas palabras solo nos hunden más. A veces, no somos víctimas de las circunstancias, sino de nuestros propios pensamientos y palabras.

Dios quiere escucharte, ayudarte, levantarte. Él lo ha prometido:
👉 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré” (Isaías 41:10).

Hoy es el día para dejar atrás el lenguaje de derrota, y comenzar a declarar fe, esperanza y verdad.


2. Apártate del mal

«Apártese del mal» (v.11a)

¿Podemos vivir bien mientras seguimos haciendo lo malo? No. Muchos quieren cosechar bendición mientras siembran desobediencia, y eso no funciona. A veces, la raíz de nuestros problemas está en nuestras propias decisiones.

No se trata solo de orar o pedir ayuda, sino de actuar con sabiduría:
👉 “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado” (Proverbios 13:20).

Frase: ¿Cómo pretendes volar si no te alejas de aquellos que te cortan las alas?

Es tiempo de alejarnos de lo que contamina nuestra vida: malas amistades, relaciones tóxicas, vicios, hábitos destructivos. El cambio que necesitas es también una decisión valiente: apártate del mal.


3. Haz el bien

«…y haga el bien» (v.11b)

No basta con dejar lo malo; Dios nos llama a sembrar lo bueno. Esta es una ley espiritual:
👉 “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

Muchos se esfuerzan por dejar malos hábitos, pero no dan el siguiente paso: empezar a sembrar bien. ¿Quieres un hogar restaurado? Comienza a ser un mejor padre, una madre amorosa, un esposo fiel. ¿Quieres mejores relaciones? Siembra servicio, comprensión, perdón.

Frase: No seas parte del problema. Sé parte de la solución.

Reflexiona:

  • ¿Estás en la fila de los que solo critican?
  • ¿O en la fila de los que se levantan a hacer lo bueno, aunque cueste?

4. Busca la paz y síguela

«Busque la paz, y sígala» (v.11c)

No hay cambio completo si seguimos cargando con resentimientos, con heridas abiertas, con odio o amargura. El verdadero cambio empieza cuando somos libres para perdonar y vivir en paz.

Dios nos llama a una paz real, no la que el mundo ofrece, sino la que viene del corazón de Jesús:
👉 “La paz os dejo, mi paz os doy… No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).
👉 “Soportaos unos a otros, y perdonaos unos a otros… como Cristo os perdonó” (Colosenses 3:13).

Hoy, busca esa paz. Persíguela. No dejes que el pasado dicte tu presente. Entrega a Dios tu corazón herido y permite que Él sane lo profundo.


¿De verdad quieres un cambio real? ¿Quieres amar la vida y ver días buenos?

Entonces no esperes más. No se trata de cambiar de ciudad ni de apariencia. El cambio comienza en el corazón. Hoy, el Señor te llama a:

✔ Refrenar tu lengua.
✔ Alejarte del mal.
✔ Sembrar lo bueno.
✔ Buscar la paz y seguirla.

Y sobre todo, te llama a entregarle tu vida a Él. Solo Cristo puede hacer nuevas todas las cosas.
👉 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

¡Este es el cambio que tu vida necesita! Y empieza hoy, en la presencia de Dios.

🙏 Oración

Señor amado, hoy reconozco que necesito un cambio real en mi vida. No quiero seguir dando vueltas en lo mismo, buscando soluciones externas mientras mi corazón sigue igual. Ayúdame a refrenar mi lengua, a apartarme del mal, a sembrar lo bueno y a buscar la paz que solo Tú puedes dar. Perdóname por las veces que he hablado con amargura, por las decisiones equivocadas que he tomado, y por cargar con resentimientos que solo Tú puedes sanar. Hoy me entrego a Ti con un corazón sincero. Transforma mi vida desde adentro hacia afuera. Hazme una nueva criatura. Que a partir de hoy, mis días sean guiados por tu verdad y tu amor. En el nombre poderoso de Jesús, amén.

DE CHATARRA A TESORO, EL AMOR REDENTOR DE DIOS

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

Según el diccionario, la chatarra es:

  • Escoria que deja el mineral de hierro.
  • Hierro o cualquier otro metal de desecho.
  • Aparato viejo o inservible.
  • Cosa de poco valor, especialmente monedas o bisutería.

Tomando estas definiciones, podríamos decir que la chatarra es algo considerado desecho, viejo, inservible y sin valor. En las calles de nuestras ciudades, es común ver personas que compran chatarra por un precio muy bajo. Sin embargo, esa chatarra no es restaurada, sino que es destruida, quemada y fundida para ser convertida en algo nuevo.

Hoy quiero hablarte de un Comprador de chatarra muy especial. Alguien que busca lo que el mundo ha desechado, lo que parece inservible, lo que ha sido golpeado por la vida y marcado por el pecado. Pero este Comprador no busca metales viejos, sino vidas rotas, corazones heridos, familias destruidas y almas que han perdido su valor a los ojos del mundo. Ese Comprador es Dios, y Él pagó el precio más alto por cada uno de nosotros.

1. Dios Nos Compró Cuando No Valíamos Nada para el Mundo (1 Corintios 1:26-29)

Nuestra vida sin Dios era como la chatarra: vil, menospreciada y sin esperanza. Sin embargo, Dios en su infinita gracia nos vio con otros ojos. Para el mundo podríamos ser un caso perdido, pero para Dios somos una joya de gran precio (Isaías 43:4). Como dice aquel himno: «Nadie pudo amarme como Cristo…»

2. Dios Pagó el Precio Más Alto (1 Pedro 1:18-19)

Quizás alguien alguna vez te dijo que no valías nada, que no daban ni un centavo por ti. Pero Dios pagó por ti con la sangre de su Hijo Jesucristo. Mientras el mundo invierte en aquellos que considera dignos, Dios invirtió en los pecadores, en lo más vil, en lo que parecía irremediablemente perdido (Romanos 5:7-8).

3. Dios Nos Redime y Nos Transforma (1 Corintios 6:9-11)

Si solo leyéramos 1 Corintios 6:9-10, podría parecer que no hay esperanza para nosotros. Pero el versículo 11 cambia toda la historia: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios.»

Dios no solo nos compra, sino que nos transforma. Lo que antes estaba roto, ahora es restaurado. Lo que el mundo desechó, Dios lo toma para su gloria. Ahora ya no reflejamos lo que el mundo hizo en nosotros, sino lo que el amor y el poder de Dios han hecho en nuestra vida (Salmo 126:1-3).

Si hoy te sientes como chatarra, si crees que tu vida ha sido destruida, si piensas que no hay esperanza para ti o para tu familia, quiero recordarte algo: Dios es el Comprador que busca lo que está perdido para darle un nuevo propósito. Él te dice hoy: «En mí está tu ayuda» (Oseas 13:9).

Ven a Él, entrégale tu vida, sin importar cómo esté. Porque en las manos de Dios, lo que el mundo llama chatarra se convierte en un tesoro eterno.

Oración Final

Señor, gracias por amarme cuando nadie más lo hacía. Gracias por ver en mí un valor que ni yo mismo podía reconocer. Hoy te entrego mi vida, mis errores y mis fracasos. Restaura lo que está roto en mí y haz de mi vida algo que te glorifique. En el nombre de Jesús, Amén.

ES TIEMPO DE NUEVOS COMIENZOS

Al iniciar este nuevo año, reflexionamos en las palabras del Salmo 71:20-21:

«Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.»

Estos versículos nos recuerdan que, aunque hayamos enfrentado dificultades, Dios nos ofrece la oportunidad de renacer y encontrar consuelo en Su presencia.

¿Que tenemos que hacer en nuestra vida para poder tener un nuevo comienzo?

I) Asumir Nuestra Responsabilidad y Volver a Dios

Para experimentar un nuevo comienzo, es esencial dejar de buscar culpables y examinar nuestros propios caminos. Lamentaciones 3:39-40 nos exhorta:

«¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová;»

Al reconocer nuestras faltas y decidir volver a Dios, dejamos atrás la actitud de victimismo y permitimos que Él transforme nuestra vida, dándonos la fortaleza para comenzar de nuevo.

II) Cerrar Ciclos para Iniciar Nuevas Etapas

Es necesario cerrar capítulos que nos han causado dolor o estancamiento. En Génesis 19:17, los ángeles advierten a Lot:

«Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.»

Al igual que Lot, debemos dejar atrás relaciones o situaciones que nos alejan de Dios, permitiendo que Él nos guíe hacia nuevas oportunidades y bendiciones.

III) Valorar los Pequeños Comienzos y Confiar en Dios

No debemos menospreciar los inicios modestos. Zacarías 4:10 nos anima:

«Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel.»

Aunque los comienzos sean humildes, con la confianza puesta en Dios, estos crecerán y fructificarán, trayendo bendición y gloria a Su nombre. Como afirma Job 8:7:

«Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande.»

En este nuevo año, permitamos que Dios renueve nuestra vida, confiando en Su poder para transformar nuestras angustias en gozo y nuestras pruebas en testimonios de Su fidelidad.

ORACIÓN: Padre celestial, te damos gracias por la oportunidad de comenzar de nuevo. Reconocemos nuestras faltas y nos volvemos a Ti en busca de guía y fortaleza. Ayúdanos a cerrar los ciclos que nos atan al pasado y a confiar en que, aunque nuestros inicios sean pequeños, bajo Tu amparo crecerán y prosperarán. Renueva nuestro espíritu y concédenos la sabiduría para caminar en Tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

LA PRECIOSA LUZ DE NAVIDAD

Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Isaías 9:1-2

DESCARGA DEVOCIONAL EN PDF: https://devocionalespastoroscarflores.com/wp-content/uploads/2024/12/LA-PRECIOSA-LUZ-DE-LA-NAVIDAD.pdf

La época de Navidad nos llena de imágenes de luces brillantes, calles adornadas y un ambiente que parece respirar alegría. Sin embargo, esta luz externa muchas veces contrasta con la realidad interna de muchos corazones. Para millones, esta temporada está marcada por tinieblas de tristeza, soledad y desesperanza.

Esto no es algo nuevo. En los tiempos del profeta Isaías, el pueblo de Judá vivía en una profunda oscuridad espiritual. Alejados de Dios, buscaban respuestas en adivinos y encantadores, pero esto solo profundizaba su vacío y desorientación. Isaías describe su condición: estaban fatigados, hambrientos y sumidos en tinieblas.

En contraste, el capítulo 9 de Isaías introduce una esperanza transformadora: la llegada de una luz que disipa las tinieblas, una luz que representa al Mesías prometido, Cristo Jesús. Reflexionemos en cómo esta preciosa luz puede transformar nuestras vidas hoy:

1. La luz de Cristo disipa nuestras tinieblas (Isaías 9:1-2)

Aunque el pueblo vivía en oscuridad, Dios prometió que no siempre sería así: «No siempre habrá oscuridad para el que está ahora en angustia.» Esta promesa se cumplió con la venida de Jesús, quien trajo luz a un mundo perdido.

Si sientes que las tinieblas han invadido tu vida —sea por la tristeza, el pecado o la desesperanza— recuerda que Jesús es la luz que puede iluminar tu corazón. No importa cuán profundas sean tus tinieblas, su luz puede dar paz, gozo y nueva vida.

2. La luz de Cristo trae verdadera alegría (Isaías 9:3)

Cuando Cristo entra en nuestra vida, experimentamos una alegría genuina y transformadora, como la alegría de la cosecha o de la victoria después de una batalla.

Esta alegría no depende de regalos, fiestas o momentos pasajeros. Es una alegría que viene de experimentar el amor, la paz y la victoria que solo Cristo puede dar.

3. La luz de Cristo nos da libertad (Isaías 9:4)

Jesús es quien rompe los yugos que nos esclavizan: el yugo de la culpa, del pecado, de los vicios y del temor. Su luz nos ofrece libertad verdadera, una libertad que transforma desde lo más profundo de nuestro ser.

Reflexión final

La Navidad es mucho más que adornos y celebraciones. Es la oportunidad de recibir la preciosa luz de Cristo en nuestro corazón. Si aún no has permitido que su luz entre en tu vida, hoy es el momento. Si ya lo conoces, pero te sientes alejado, vuelve a él. No vivas en tinieblas, porque Cristo es la luz que puede iluminar cada rincón de tu ser.

Oración

Señor, gracias por ser la luz que disipa nuestras tinieblas. Reconozco que muchas veces he buscado respuestas en lugares equivocados y he permitido que la oscuridad llene mi vida. Hoy quiero abrir mi corazón para que tu luz ilumine mi ser. Llena mi vida con tu paz, tu alegría y tu libertad. Ayúdame a reflejar tu luz en este mundo lleno de tinieblas. En el nombre de Jesús, amén.

CUANDO EL DESIERTO LO LLEVAMOS EN EL CORAZÓN

“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”.Oseas 2:14:

El desierto, en su forma física, es un lugar seco y árido, pero también simboliza tiempos difíciles en la vida espiritual de una persona. Estos tiempos de sequía espiritual pueden manifestarse como soledad, angustia, enfermedad, o escasez. Sin embargo, es en esos momentos que Dios nos lleva al desierto no para abandonarnos, sino para hablar a nuestro corazón y tratar directamente con nuestras vidas.

A veces, el desierto no es externo, sino interno. Llevamos el desierto dentro de nosotros cuando nuestra alma está seca, sin vida, cuando hemos perdido la alegría y la comunión con Dios. Esto ocurre cuando nos hemos alejado de Su presencia, cuando los pecados y el enfriamiento espiritual nos han alejado tanto de Él que, aunque seamos cristianos, vivimos como si no lo fuéramos, enfocados solo en los placeres de este mundo.

Dios, a través del profeta Ezequiel, nos da una poderosa imagen de lo que sucede cuando el desierto está dentro de nosotros. En Ezequiel 37, encontramos el valle de los huesos secos, una representación gráfica de la desesperanza y la muerte espiritual. Pero también vemos cómo Dios tiene el poder de dar vida a lo que parece estar completamente muerto y sin esperanza.

¿Qué significa llevar el desierto en el corazón?

El desierto representa deshonra (Ezequiel 37:1-2):
Los huesos secos esparcidos en el campo representan una profunda deshonra. Del mismo modo, en nuestras vidas, el desierto interior representa momentos en los que hemos deshonrado a Dios, a nuestra familia, o a nosotros mismos, viviendo sin temor de Dios, exponiendo nuestro enfriamiento espiritual.

Los huesos secos simbolizan algo muerto por mucho tiempo (Ezequiel 37:2):
Los huesos estaban secos en gran manera, indicando que habían estado muertos por mucho tiempo. Esto describe una vida que ha estado seca espiritualmente por un largo período, sin gozo, sin devoción, y sin comunión con Dios. Muchas veces nos dejamos secar como un desierto, perdiendo el contacto con lo que alguna vez nos dio vida.

La respuesta a los huesos secos está en Dios (Ezequiel 37:3):
Ezequiel no sabía si los huesos secos podían vivir, pero reconoció que solo Dios tiene la respuesta. De la misma manera, cuando sentimos que nuestra vida espiritual está muerta, solo Dios puede restaurarla. Él sabe exactamente lo que necesitamos para revivir nuestros corazones secos y volver a sentir Su presencia en nuestras vidas.

El avivamiento viene a través del poder y la palabra de Dios (Ezequiel 37:4-5):
Dios le ordena a Ezequiel que profetice a los huesos secos y les hable la palabra del Señor. La Palabra de Dios es lo único que puede dar vida a nuestro desierto interior. Si sentimos que estamos espiritualmente muertos, debemos volver a la Palabra de Dios, leerla, meditar en ella y dejar que nos transforme.

    Si hoy sientes que llevas el desierto dentro de ti, recuerda que Dios es el único que puede dar vida a esos huesos secos. Él puede transformar tu desierto en tierra fértil y hacer florecer tu vida nuevamente. Solo necesitas volver a Él, rendir tu corazón y permitir que Su poder te restaure.

    Oración: Señor, reconozco que he permitido que mi corazón se convierta en un desierto, que he dejado que mi vida espiritual se seque. Hoy vuelvo a Ti, pidiéndote que hables a mi corazón y le des vida a todo lo que está muerto en mí. Renueva mi espíritu, aviva mi fe, y lléname de tu gozo y tu paz. Te pido que me ayudes a caminar nuevamente contigo, fortalecido por tu Palabra y lleno de tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.

    SANANDO EL ALMA Y VIVIENDO EN PLENITUD

    El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

    Juan 10:10

    Nuestra alma es un campo de batalla, donde a menudo luchamos con sentimientos y actitudes que nos alejan de la paz y del propósito que Dios ha diseñado para nosotras. La amargura, el orgullo, la desesperanza, el odio y la envidia son como un «cáncer» que puede consumirnos lentamente, afectando nuestra relación con Dios y con los demás.

    Sin embargo, Cristo vino a darnos vida en abundancia, y Su poder puede sanar cualquier herida del corazón. Tal como nos dice en Juan 10:10: «El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia».

    Consejos para Sanar el Alma:

    Perdona como Cristo te ha perdonado:
    El perdón es la llave que nos libera de la amargura. Efesios 4:32 nos recuerda: «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó en Cristo». Perdonar no significa olvidar, sino soltar el poder que el resentimiento tiene sobre nosotras.

    Camina en humildad, reconociendo tu necesidad de Dios:
    El orgullo nos separa de Dios y de los demás. Proverbios 16:18 nos advierte: «Antes del quebrantamiento es la soberbia». Aceptar nuestras limitaciones y depender de la gracia de Dios nos abre a la verdadera transformación.

    Confía en las promesas de Dios para vencer la desesperanza:
    Cuando te sientas sin salida, recurre a la Palabra de Dios como refugio. Jeremías 29:11 asegura: «Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza». No permitas que la desesperanza tenga la última palabra en tu vida.

    Llena tu corazón de amor, rechazando el odio:
    1 Juan 4:7 nos enseña que el amor es la esencia de Dios: «Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios; todo aquel que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios». Amar a los demás, incluso cuando no lo merecen, nos libera del odio que puede consumirnos.

    Agradece lo que tienes y confía en la provisión de Dios:
    La envidia nos roba la paz, pero el contentamiento trae gozo. Filipenses 4:11-12 nos anima a aprender a estar agradecidas en toda circunstancia, confiando en que Dios provee todo lo que necesitamos.

      Acciones para Mejorar Nuestra Vida Espiritual y Emocional:

      Oración diaria y meditación en la Palabra:
      Dedica un tiempo especial cada día para estar en la presencia de Dios, leer la Biblia y escuchar Su voz. Esto fortalecerá tu fe y renovará tu mente, ayudándote a alinear tu corazón con Su voluntad.

      Práctica del perdón:
      Haz una revisión de tu corazón y busca a quienes necesitas perdonar. Ora por ellos y deja que Dios te guíe en el proceso de liberación de la amargura.

      Cultiva una actitud de gratitud:
      Cada día, anota al menos tres cosas por las que estás agradecida. La gratitud cambia tu perspectiva y te ayuda a enfocarte en las bendiciones que ya tienes.

      Rodéate de personas que te inspiren:
      Busca amistades y comunidades que te edifiquen y te apoyen en tu caminar con Cristo. Estar rodeada de personas que te alienten a crecer en amor y fe es vital para sanar el alma.

      Sirve a los demás con amor:
      El servicio nos ayuda a salir de nosotras mismas y a poner en práctica el amor de Cristo. Encontrar maneras de bendecir a otros te llenará de gozo y propósito.

        Dios desea que vivamos una vida plena, libre de las cargas emocionales que nos destruyen por dentro. Aunque estos «cánceres del alma» intenten enraizarse, la gracia de Dios es suficiente para sanarnos. Si damos pasos conscientes hacia el perdón, la humildad, la esperanza, el amor y la gratitud, experimentaremos la verdadera libertad en Cristo.

        Oración:

        Señor, te doy gracias porque en Ti encontramos sanidad para nuestras almas. Ayúdame a perdonar, a caminar en humildad, y a confiar en Tus promesas. Llena mi corazón de amor y gratitud, y líbrame de cualquier sentimiento que me aleje de Ti. Te pido que me guíes en el camino de la paz y el propósito que has trazado para mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

        Salir de la versión móvil
        %%footer%%