LOS PELIGROS DE ALEJAR NUESTRO CORAZÓN DEL SEÑOR

Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.

Mateo 15:8

En Mateo 15:7-8, Jesús nos deja una advertencia poderosa: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” Estas palabras pueden ser difíciles de escuchar, pero nos invitan a examinar nuestra relación con Dios. ¿Estamos cerca de Él solo de palabra, o realmente nuestro corazón le pertenece?

Muchos cristianos se encuentran activos en la iglesia y en el servicio, pero su corazón ha comenzado a alejarse del Señor. La apariencia de piedad puede ocultar un interior vacío y desconectado de Dios. Esto fue lo que sucedió con los israelitas, quienes, aunque fueron liberados de Egipto, seguían teniendo su corazón en aquel lugar de esclavitud, anhelando lo que ya habían dejado atrás (Hechos 7:39).

La pregunta entonces es: ¿A dónde se ha ido nuestro corazón? A veces, nos encontramos atados a viejas actitudes, relaciones o hábitos que Dios ya nos ayudó a superar. Este regreso en el corazón a Egipto representa dos grandes peligros en nuestra vida cristiana: la esclavitud y la idolatría.

Primer Peligro: La Esclavitud
En Gálatas 5:1, Pablo nos llama a permanecer firmes en la libertad que Cristo nos dio. Sin embargo, cuando nuestro corazón se aleja de Dios, volvemos a aquellas cosas que nos esclavizaban. Podemos quedar atrapados en relaciones o vicios que no agradan a Dios, o mantener resentimientos que oscurecen nuestra fe. Este regreso a la esclavitud es un retroceso en el camino que Dios nos trazó.

Segundo Peligro: La Idolatría
El pueblo de Israel, en el desierto, se hizo un becerro de oro en ausencia de Moisés (Éxodo 32:4). Esta idolatría no es solo del pasado. Hoy en día, podemos hacer ídolos de nuestro trabajo, relaciones, o incluso de nuestras propias comodidades. Todo aquello que roba el lugar de Dios en nuestra vida se convierte en un ídolo que desvía nuestro corazón de su amor y voluntad.

Regresando al Corazón de Dios
Si sentimos que nuestro corazón se ha alejado de Dios, hay esperanza. Zacarías 1:3 nos recuerda: “Volveos a mí… y yo me volveré a vosotros.” Esto implica reconocer nuestra condición y arrepentirnos sinceramente. Dios no es indiferente ante nuestras vidas; Él mira nuestro corazón y anhela que volvamos a Él (Salmo 50:21-23). Solo así podremos experimentar la verdadera paz y el gozo de vivir en su presencia.

Oración
Señor, te pedimos que examines nuestro corazón. Ayúdanos a reconocer cualquier cosa que nos haya alejado de Ti, y danos la fortaleza para dejarla atrás. Que cada paso que demos nos acerque más a Ti, y que nuestras palabras y acciones reflejen un amor sincero y genuino hacia Ti. Renueva en nosotros un espíritu recto y un corazón que te busque con pasión. Amén.

EL MEJOR CONSEJO

«Venid, y volvamos al SEÑOR; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.»

Oseas 6:1


A lo largo de la vida, hemos recibido muchos consejos valiosos. Nuestros padres nos han animado a estudiar y aprovechar el tiempo; nuestros abuelos nos han advertido sobre las malas compañías.

Sin embargo, hoy quiero ofrecerte el mejor consejo en el nombre del Señor: ¡Vuelve al Señor! Si te has apartado, regresa; si te has enfriado, vuelve al Señor.

El versículo que hemos leído nos recuerda que no regresamos para ser lastimados, sino para que Él sane nuestras heridas y venda nuestro corazón. Es fundamental tomar este consejo en serio.


Reflexión

Hay dos maneras de volver a Dios, tal como se indica en Zacarías 11:7. El cayado del pastor se utiliza para atraer a las ovejas que se han alejado del rebaño. Dios tiene dos cayados que puede usar en nuestras vidas: uno se llama gracia y el otro ataduras. La pregunta es: ¿cuál de los dos deseas que use Dios en ti?

Vuelve por el Cayado de la Gracia: Esto implica reconocer que te has apartado, que estás lejos de Dios, y con humildad buscar Su gracia y misericordia. Es esencial reconocer lo que hemos perdido por estar lejos de Dios.

Vuelve por el Cayado de las Ataduras: En este caso, no regresas por tu propia voluntad, sino que eres llevado de regreso. Es crucial no tomar a la ligera lo que Dios está hablando a tu vida (Isaías 28:22). Si Dios te trae de vuelta, aunque luches, no tendrás la fuerza para soltarte (Lamentaciones 1:14).

    No pienses que puedes tomarte un tiempo para reflexionar sobre ello (Isaías 1:18; Isaías 55:6). Vuelve hoy al Señor, reconoce que te has alejado y que has enfriado tu vida espiritual. No esperes más.

    Si te sientes perdido, lejos de Dios, recuerda que Él quiere ser tu ayuda (Oseas 13:9). El cristiano que está lejos de Jesús no es nada (Juan 15:5). No te engañes pensando que puedes alejarte de Dios y que todo irá bien. La parábola del hijo pródigo es un espejo para cada uno de nosotros: quien se aleja del Padre celestial lo pierde todo (Lucas 15:14).

    Te invito a que tomes este consejo a corazón y vuelvas al Señor. Su amor y gracia están siempre dispuestos a recibirte. No importa cuán lejos te sientas, hoy es el día perfecto para volver a Su abrazo amoroso.

    Oración

    Señor, te agradezco por Tu gracia infinita y por la oportunidad de volver a Ti. Reconozco que a veces me he apartado y que he dejado que el frío espiritual me envuelva. Te pido que me perdones y que me ayudes a regresar a Ti con un corazón sincero. Que Tu amor me envuelva y me sane. Ayúdame a caminar contigo cada día, sabiendo que en Ti encuentro mi fortaleza y propósito. En el nombre de Jesús, amén.

    VOLVAMOS AL PRIMER AMOR


    «Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.»
    (Apocalipsis 2:1-5)

    En estos tiempos, muchos cristianos han sido afectados por un virus espiritual llamado «enfriamiento espiritual». Este virus no muestra sus síntomas en el cuerpo, sino en el alma: disminuye el deseo de congregarse, apaga el amor por la Palabra de Dios, enfría la vida de oración y nos desvía hacia una vida mundana.

    Dios, en Su gracia, nos da el antídoto contra este enfriamiento: volver al primer amor. Este pasaje a la iglesia de Éfeso es un llamado urgente a examinar nuestros corazones, a reconocer que hemos caído en la rutina espiritual, y a arrepentirnos.

    1. Un corazón humilde para reconocer la caída

    Dios nos pide recordar «de dónde hemos caído» (Apocalipsis 2:5). Esto requiere humildad para admitir que nuestra vida no está mejor lejos de Dios. La clave para sanar el enfriamiento espiritual es darnos cuenta de que separados de Él, nada podemos hacer (Juan 15:4-5). Sin Su presencia, nuestra vida se seca espiritualmente, y perdemos las bendiciones que vienen con una relación cercana con Él.

    2. Un corazón arrepentido por nuestros errores

    Dios no solo quiere que reconozcamos nuestra caída, sino que también nos arrepintamos. El enfriamiento espiritual ocurre cuando nos desanimamos, cuando los afanes de la vida ocupan el lugar de Dios, o cuando caemos en pecado. Si hemos descuidado nuestra relación con Él, es momento de volver. A través del arrepentimiento sincero, Dios restaura nuestras vidas y nos devuelve el gozo de Su presencia.

    3. Volver a las primeras obras

    El Señor nos insta a hacer las primeras obras, aquellas que realizábamos con fervor y amor cuando recién conocimos a Cristo. Tal vez antes anhelabas pasar tiempo con Dios, amabas Su Palabra y servías con gozo. Es tiempo de regresar a ese amor genuino y apasionado, a una vida cristiana llena de fervor y devoción.

    El enfriamiento espiritual puede ser devastador, pero el Señor nos invita a volver a Él con humildad y arrepentimiento. Hoy, escucha la voz de Dios, vuelve a Su presencia y experimenta nuevamente el gozo de vivir en comunión con tu primer amor: Cristo Jesús.

    Oración
    Señor, reconozco que he dejado mi primer amor. Perdóname por haberme alejado de Ti, por haber permitido que los afanes y distracciones ocuparan el lugar que Te pertenece. Hoy, con un corazón humilde, vuelvo a Ti. Ayúdame a vivir cada día con el fervor y el amor que tenía al principio. Gracias por Tu gracia y misericordia que me restauran. En el nombre de Jesús, amén.

    GUIA A TU FAMILIA HACIA DIOS

    «Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y yo la llenaré. Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.»

    Salmo 81:10-12

    El Salmo 81:10-12 nos recuerda la bondad y fidelidad de Dios hacia su pueblo, pero también señala la triste realidad de aquellos que se apartan de Él. En medio de las bendiciones y el amor divino, es fácil perder de vista la importancia de permanecer en los caminos del Señor. Sin embargo, la decisión de apartarse de Dios tiene graves consecuencias, tanto para nosotros como para nuestra familia.

    Hoy, consideremos la advertencia del Salmo 81:10-12 y reflexionemos sobre la importancia de mantenernos cerca de Dios y guiar a nuestra familia en sus caminos.

    Dios nos recuerda que Él es nuestro Dios y nos ha rescatado de la esclavitud, guiándonos a través de las dificultades y bendiciéndonos abundantemente. Sin embargo, a menudo nos alejamos de Él, ignorando su voz y siguiendo nuestros propios deseos. Esto nos lleva a un camino de dureza de corazón, donde nos apartamos de la fuente de vida y nos sumergimos en nuestras propias decisiones.

    Es crucial entender que la decisión de apartarnos de Dios y alejar a nuestra familia de sus caminos es nuestra responsabilidad. No podemos culpar a otros por nuestras decisiones. Es importante reconocer que alejarse de Dios es la peor elección que podemos hacer, ya que nos sumerge en un vacío espiritual y nos lleva a buscar satisfacción en fuentes que solo nos dejarán vacíos y desolados.

    Sin embargo, hay esperanza. Dios nos llama a volver a Él con humildad y arrepentimiento. Debemos escudriñar nuestros corazones y buscar al Señor con sinceridad, levantando nuestras manos y corazones hacia Él en adoración y rendición.

    Oración: Padre celestial, te agradecemos por tu amor y fidelidad hacia nosotros y nuestra familia. Perdónanos por las veces que hemos ignorado tu voz y nos hemos apartado de tus caminos. Ayúdanos a volver a ti con humildad y arrepentimiento, buscando tu guía y dirección en todas las áreas de nuestras vidas. Que nuestras acciones y decisiones reflejen tu voluntad y nos acerquen más a ti cada día. En el nombre de Jesús, amén.

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