APRENDIENDO DE LOS NIÑOS

En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Mateo 18:1-3

Hemos llegado a Octubre y en este mes celebramos a los Niños y las Niñas es un mes especial dedicado a esas pequeñas personas que llenan nuestras vidas de alegría y nuestros corazones de amor. Los niños, con su inocencia y pureza, nos enseñan grandes lecciones que a menudo olvidamos al hacernos adultos.

Como padres, tenemos la responsabilidad de guiar a nuestros hijos por el camino correcto, enseñándoles lo bueno, lo justo y lo verdadero. Ellos son un reflejo de nosotros mismos: nuestra forma de hablar, actuar y vivir. Los niños absorben lo que ven en casa y en su entorno. Por eso, debemos preguntarnos: ¿Qué les estamos enseñando? ¿Qué ejemplo les estamos dando?

Sin embargo, además de ser un reflejo de nosotros, los niños también son un reflejo de Dios. En su pureza, nos muestran algo que como adultos hemos perdido: la capacidad de confiar sin reservas, amar sin condiciones y vivir sin malicia. Jesús nos enseñó que debemos volvernos como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Pero, ¿QUE PODEMOS APRENDER DE ELLOS?

Su capacidad de creer sin cuestionar (Mateo 18:3)

Los niños tienen una fe inquebrantable. No cuestionan, simplemente creen. Esta es la misma fe que tuvimos cuando aceptamos la salvación en Cristo. Creímos sin ver, aceptamos que nuestros pecados fueron perdonados y confiamos en que al morir, iremos al cielo. Pero, ¿por qué ahora nos cuesta tanto creer que Dios puede solucionar nuestros problemas actuales o hacer un milagro en nuestras vidas? Debemos aprender de los niños y volver a tener una fe pura y sin dudas.

Su manera de relacionarse con los demás (Santiago 2:8-9)

Los niños no discriminan ni juzgan. No les importa la apariencia, la ropa, el color de piel o el estatus social. Simplemente juegan juntos. Los adultos, en cambio, hacemos acepción de personas. Pero la Biblia nos enseña que el verdadero amor no hace distinciones. Necesitamos aprender de los niños a amar sin juzgar y tratar a todos con el mismo respeto, tal como lo haría Jesús.

Su manera de mantener limpio su corazón (Hebreos 12:15)

A pesar de los regaños o conflictos, los niños continúan amando, perdonando y sonriendo. Sus corazones están libres de amargura. Los adultos, por otro lado, solemos guardar resentimiento y nos cuesta perdonar. Los niños nos enseñan el valor de un corazón limpio, sin raíces de amargura que destruyen relaciones y momentos preciosos.

Su temor a la oscuridad (Juan 3:19)

Los niños le temen a la oscuridad y buscan la compañía de alguien que los proteja. Como adultos, a veces HACEMOS LO CONTRARIO, le tememos a la luz, porque nuestras obras no son agradables a Dios. Debemos aprender de los niños a temer la oscuridad de una vida sin Dios y buscar siempre la luz de Su presencia.

Reflexión final:

Dios nos llama a aprender de los niños, a recuperar esa pureza y sencillez que teníamos cuando éramos pequeños. Que podamos imitar su fe, su amor sincero, su capacidad de perdonar y su deseo de estar siempre en la luz. Solo así podremos acercarnos más al corazón de Dios y disfrutar de una vida plena en Su presencia.

Oración: Señor, hoy te agradecemos por los niños, quienes nos enseñan tanto con su vida. Ayúdanos a tener una fe como la de ellos, a amar sin distinciones y a mantener nuestros corazones limpios de amargura. Que busquemos siempre tu luz y vivamos con la misma inocencia y confianza que un niño. Renueva en nosotros esa pureza y sencillez que tanto agrada a tu corazón. En el nombre de Jesús, amén.

VOLVAMOS AL PRIMER AMOR


«Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.»
(Apocalipsis 2:1-5)

En estos tiempos, muchos cristianos han sido afectados por un virus espiritual llamado «enfriamiento espiritual». Este virus no muestra sus síntomas en el cuerpo, sino en el alma: disminuye el deseo de congregarse, apaga el amor por la Palabra de Dios, enfría la vida de oración y nos desvía hacia una vida mundana.

Dios, en Su gracia, nos da el antídoto contra este enfriamiento: volver al primer amor. Este pasaje a la iglesia de Éfeso es un llamado urgente a examinar nuestros corazones, a reconocer que hemos caído en la rutina espiritual, y a arrepentirnos.

1. Un corazón humilde para reconocer la caída

Dios nos pide recordar «de dónde hemos caído» (Apocalipsis 2:5). Esto requiere humildad para admitir que nuestra vida no está mejor lejos de Dios. La clave para sanar el enfriamiento espiritual es darnos cuenta de que separados de Él, nada podemos hacer (Juan 15:4-5). Sin Su presencia, nuestra vida se seca espiritualmente, y perdemos las bendiciones que vienen con una relación cercana con Él.

2. Un corazón arrepentido por nuestros errores

Dios no solo quiere que reconozcamos nuestra caída, sino que también nos arrepintamos. El enfriamiento espiritual ocurre cuando nos desanimamos, cuando los afanes de la vida ocupan el lugar de Dios, o cuando caemos en pecado. Si hemos descuidado nuestra relación con Él, es momento de volver. A través del arrepentimiento sincero, Dios restaura nuestras vidas y nos devuelve el gozo de Su presencia.

3. Volver a las primeras obras

El Señor nos insta a hacer las primeras obras, aquellas que realizábamos con fervor y amor cuando recién conocimos a Cristo. Tal vez antes anhelabas pasar tiempo con Dios, amabas Su Palabra y servías con gozo. Es tiempo de regresar a ese amor genuino y apasionado, a una vida cristiana llena de fervor y devoción.

El enfriamiento espiritual puede ser devastador, pero el Señor nos invita a volver a Él con humildad y arrepentimiento. Hoy, escucha la voz de Dios, vuelve a Su presencia y experimenta nuevamente el gozo de vivir en comunión con tu primer amor: Cristo Jesús.

Oración
Señor, reconozco que he dejado mi primer amor. Perdóname por haberme alejado de Ti, por haber permitido que los afanes y distracciones ocuparan el lugar que Te pertenece. Hoy, con un corazón humilde, vuelvo a Ti. Ayúdame a vivir cada día con el fervor y el amor que tenía al principio. Gracias por Tu gracia y misericordia que me restauran. En el nombre de Jesús, amén.

GUIA A TU FAMILIA HACIA DIOS

«Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y yo la llenaré. Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.»

Salmo 81:10-12

El Salmo 81:10-12 nos recuerda la bondad y fidelidad de Dios hacia su pueblo, pero también señala la triste realidad de aquellos que se apartan de Él. En medio de las bendiciones y el amor divino, es fácil perder de vista la importancia de permanecer en los caminos del Señor. Sin embargo, la decisión de apartarse de Dios tiene graves consecuencias, tanto para nosotros como para nuestra familia.

Hoy, consideremos la advertencia del Salmo 81:10-12 y reflexionemos sobre la importancia de mantenernos cerca de Dios y guiar a nuestra familia en sus caminos.

Dios nos recuerda que Él es nuestro Dios y nos ha rescatado de la esclavitud, guiándonos a través de las dificultades y bendiciéndonos abundantemente. Sin embargo, a menudo nos alejamos de Él, ignorando su voz y siguiendo nuestros propios deseos. Esto nos lleva a un camino de dureza de corazón, donde nos apartamos de la fuente de vida y nos sumergimos en nuestras propias decisiones.

Es crucial entender que la decisión de apartarnos de Dios y alejar a nuestra familia de sus caminos es nuestra responsabilidad. No podemos culpar a otros por nuestras decisiones. Es importante reconocer que alejarse de Dios es la peor elección que podemos hacer, ya que nos sumerge en un vacío espiritual y nos lleva a buscar satisfacción en fuentes que solo nos dejarán vacíos y desolados.

Sin embargo, hay esperanza. Dios nos llama a volver a Él con humildad y arrepentimiento. Debemos escudriñar nuestros corazones y buscar al Señor con sinceridad, levantando nuestras manos y corazones hacia Él en adoración y rendición.

Oración: Padre celestial, te agradecemos por tu amor y fidelidad hacia nosotros y nuestra familia. Perdónanos por las veces que hemos ignorado tu voz y nos hemos apartado de tus caminos. Ayúdanos a volver a ti con humildad y arrepentimiento, buscando tu guía y dirección en todas las áreas de nuestras vidas. Que nuestras acciones y decisiones reflejen tu voluntad y nos acerquen más a ti cada día. En el nombre de Jesús, amén.

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