DIOS TIENE MEJORES PLANES PARA TU VIDA

Isaías 42:1-3 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. 2 No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. 3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.


Si hoy se nos preguntara qué pensamos sobre nosotros mismos, ¿qué responderíamos? Tristemente, muchas veces los pensamientos que albergamos sobre nuestra vida son pensamientos negativos: de menosprecio, rechazo, enojo, reproche y frustración.

¿Pero por qué tenemos estos pensamientos negativos sobre nosotros? La respuesta puede ser que:

  • Hemos tomado decisiones equivocadas en el pasado.
  • Hemos dejado pasar oportunidades valiosas.
  • Hemos desperdiciado tiempo en cosas que no nos han edificado.
  • Confiamos en personas que nos fallaron y nos lastimaron.
  • Nos apartamos de los caminos de Dios y nuestra vida espiritual se ha enfriado.

Los versículos que hemos leído nos hablan de manera profética sobre el carácter del Mesías, nuestro Señor Jesús. Aquí encontramos dos elementos que podrían reflejar nuestra condición emocional y espiritual: la caña cascada y el pábilo que humea. Estos elementos, aunque parecen débiles e inútiles, nos muestran el corazón de Dios hacia nosotros.


I) La Caña Cascada

La caña era una planta común en los ríos de Israel, apreciada por su utilidad en la fabricación de instrumentos musicales y muebles. Sin embargo, cuando la caña se volvía cascada, es decir, quebrada y gastada, ya no servía para nada. Ya no emitía un buen sonido ni podía utilizarse para crear objetos valiosos. Era vista como inservible.

Quizás hoy te sientas como una caña cascada. Tal vez te sientes agotado, cansado de luchar, desgastado por las decisiones y errores del pasado. Te preguntas si aún puede salir algo bueno de tu vida. Sin embargo, la palabra de Dios nos asegura que Él no quebrará la caña cascada. Al contrario, Él tiene planes nuevos para ti, pensamientos de paz, y un futuro lleno de esperanza.

Jeremías 29:11 nos dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»
Dios no te ha abandonado. A pesar de los errores y sufrimientos, Él cumplirá su propósito en tu vida (Salmo 138:8).


II) El Pábilo Que Humea

El pábilo era una mecha utilizada para iluminar las lámparas de aceite. Cuando se quedaba sin aceite, ya no emitía luz, solo humo, y lo común era apagarlo y reemplazarlo. Tal vez alguna vez fuiste una llama ardiente para Dios: tu vida espiritual estaba llena de pasión, servías con todo tu corazón, compartías el evangelio, adorabas y amabas al Señor. Pero, con el tiempo, el fuego se apagó, y hoy te encuentras como un pábilo que humea, con la sensación de que ya no hay vida en ti.

Quizás piensas que tu primer amor con Dios se ha perdido, que nunca volverás a sentir esa pasión. Pero Dios no apagará el pábilo que humea. Él restaurará tu fuego espiritual, te dará nuevas fuerzas a través del Espíritu Santo, y te ungirá con aceite fresco (Salmo 92:10). Dios quiere avivar el fuego del don que Él ha puesto en tu vida (2 Timoteo 1:6).


Dios tiene planes mejores para tu vida. Sus pensamientos hacia ti son buenos, y Él quiere hacer realidad esos planes, pero para ello es necesario que nos acerquemos a Él. La invitación es clara: Buscadme, y viviréis (Amos 5:4).

Dios no te ha olvidado. Él tiene una nueva oportunidad para ti. Aunque te sientas como una caña cascada o un pábilo que humea, Él te sostiene, te restaura y te da un futuro lleno de esperanza. ¡Acércate a Él hoy y permite que Él obre lo mejor en tu vida!


Oración :

Señor, gracias por tu amor inmenso y tu misericordia. Hoy te pido que sanes las heridas de mi corazón y me restaures como solo Tú sabes hacerlo. Aunque a veces me siento agotado y sin fuerzas, confío en que tienes planes mejores para mi vida. Dame fuerzas para seguir adelante, y aviva en mí el fuego de tu Espíritu. Ayúdame a acercarme más a Ti y a vivir en el propósito que Tú has preparado para mí. En el nombre de Jesús, amén.

LO QUE NOS ENSEÑAN LOS TIEMPOS DE ADVERSIDAD.


«Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo.»

Lucas 8:40-42

La adversidad es una experiencia universal que, en su esencia, representa situaciones difíciles que requieren de gran valentía y fortaleza para ser enfrentadas. En la vida de Jairo, un principal de la sinagoga, encontramos un ejemplo claro de cómo la adversidad puede llevarnos a un lugar de profunda comprensión y aprendizaje espiritual.

I. Lo Valioso Pierde su Valor

Cuando Jairo se encuentra ante la grave enfermedad de su única hija, se da cuenta de que su estatus social y su posición en la comunidad no tienen valor frente a la adversidad que enfrenta. En esos momentos, aprendemos que las cosas que el mundo valora, como el dinero, la fama o el poder, pueden desvanecerse. La vida nos enseña que hay cosas que el dinero no puede comprar.

II. La Importancia de Jesús

La adversidad nos lleva a reconocer la importancia de Jesús en nuestras vidas. Jairo, postrándose ante el Señor, comprendió que su poder era lo único que podía salvar a su hija. En tiempos difíciles, muchas personas se dan cuenta de su necesidad de Dios. Es un recordatorio de que no debemos esperar la adversidad para buscar a Jesús, sino que debemos cultivar una relación con Él constantemente a través de la oración y la adoración.

III. Caminar en Fe

Cuando Jairo recibe la noticia devastadora de la muerte de su hija, escucha las palabras de Jesús: «No temas; cree solamente». En momentos de adversidad, es esencial mantener la fe y confiar en las promesas de Dios, incluso cuando la situación parece desesperada. No permitamos que las circunstancias y las opiniones de otros nos desanimen; en cambio, caminemos en fe y confiemos en el poder de nuestro Señor.

IV. El Poder de Dios

Finalmente, Jairo experimenta la gloria de Dios cuando su hija es resucitada. Este milagro nos recuerda que, para Dios, no hay nada imposible. La adversidad se convierte en una oportunidad para ver Su poder en acción, para experimentar Su misericordia, y para fortalecer nuestra fe. Recordemos que las dificultades pueden ser tiempos de oportunidad para que otros vean el poder transformador de Cristo en nuestras vidas.

La adversidad no es solo un reto, sino una lección invaluable que nos enseña sobre el amor, la gracia y el poder de Dios. En cada prueba, tenemos la oportunidad de aprender y comprender cuán grande es nuestro Dios.

Oración

Señor, gracias por estar conmigo en cada momento de adversidad. Ayúdame a reconocer lo que realmente importa y a buscarte siempre, no solo en los momentos difíciles, sino en cada día de mi vida. Dame la fe para confiar en tus promesas y el valor para enfrentar cualquier desafío. Te agradezco por tu poder y tu misericordia. Amén.

¿QUE DEBEMOS HACER CON EL AMOR?


Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

1 Corintios 13:13

El apóstol Pablo, en 1 Corintios 13:13, nos recuerda que, aunque la fe y la esperanza son esenciales, el amor es el mayor de todos. Sin amor, nuestras acciones, nuestras palabras y nuestras oraciones pierden su verdadero valor. El amor es el fundamento sobre el cual se construyen nuestras relaciones con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

¿QUE DEBEMOS HACER CON EL AMOR?

Debemos Amar a Dios con todo el corazón
Amar a Dios no es solo un sentimiento, es una entrega completa. Es obedecer su Palabra, amar su presencia y buscar agradarlo en todo. Cuando le amamos, nos sometemos a su voluntad y experimentamos paz, porque sabemos que «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien» (Romanos 8:28). Amarle es también reconocer que Él es la fuente de toda bendición y depender de su guía en cada paso que damos.

Debemos Amar a nuestro prójimo
La Biblia nos enseña que no podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestro prójimo (1 Juan 4:20). Amar a quienes nos rodean, incluso a aquellos que nos tratan mal, es una muestra de que el amor de Dios está en nosotros. Jesús nos enseñó a poner en práctica la regla de oro: tratar a los demás como quisiéramos ser tratados (Mateo 7:12). El amor es lo que puede transformar relaciones rotas, sanar heridas y traer paz donde antes había conflicto.

Debemos Amarnos a nosotros mismos
Finalmente, para poder amar a los demás de manera saludable, es necesario que aprendamos a amarnos a nosotros mismos. Amarnos no significa ser egoístas, sino valorarnos como hijos de Dios, hechos a su imagen. Es aceptar nuestro valor, cuidar de nuestra salud física y emocional, y alejarnos de todo lo que no nos edifica. Al aprender a perdonarnos y a valorarnos, podemos vivir con paz interior y estar en condiciones de extender ese amor a los demás.

El amor es el motor que nos impulsa a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Nos fortalece, nos transforma, y nos permite experimentar la plenitud de la vida que Él tiene para nosotros.

Oración:
Señor, ayúdame a caminar cada día en amor. Que mi corazón esté lleno de tu amor para que pueda obedecerte y amar a los demás como tú lo mandas. Enséñame a valorarme, a perdonarme, y a ser un reflejo de tu amor en todo lo que hago. Que tu amor transforme mi vida, mis relaciones, y mi caminar contigo. Amén.

EL MEJOR CONSEJO

«Venid, y volvamos al SEÑOR; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.»

Oseas 6:1


A lo largo de la vida, hemos recibido muchos consejos valiosos. Nuestros padres nos han animado a estudiar y aprovechar el tiempo; nuestros abuelos nos han advertido sobre las malas compañías.

Sin embargo, hoy quiero ofrecerte el mejor consejo en el nombre del Señor: ¡Vuelve al Señor! Si te has apartado, regresa; si te has enfriado, vuelve al Señor.

El versículo que hemos leído nos recuerda que no regresamos para ser lastimados, sino para que Él sane nuestras heridas y venda nuestro corazón. Es fundamental tomar este consejo en serio.


Reflexión

Hay dos maneras de volver a Dios, tal como se indica en Zacarías 11:7. El cayado del pastor se utiliza para atraer a las ovejas que se han alejado del rebaño. Dios tiene dos cayados que puede usar en nuestras vidas: uno se llama gracia y el otro ataduras. La pregunta es: ¿cuál de los dos deseas que use Dios en ti?

Vuelve por el Cayado de la Gracia: Esto implica reconocer que te has apartado, que estás lejos de Dios, y con humildad buscar Su gracia y misericordia. Es esencial reconocer lo que hemos perdido por estar lejos de Dios.

Vuelve por el Cayado de las Ataduras: En este caso, no regresas por tu propia voluntad, sino que eres llevado de regreso. Es crucial no tomar a la ligera lo que Dios está hablando a tu vida (Isaías 28:22). Si Dios te trae de vuelta, aunque luches, no tendrás la fuerza para soltarte (Lamentaciones 1:14).

    No pienses que puedes tomarte un tiempo para reflexionar sobre ello (Isaías 1:18; Isaías 55:6). Vuelve hoy al Señor, reconoce que te has alejado y que has enfriado tu vida espiritual. No esperes más.

    Si te sientes perdido, lejos de Dios, recuerda que Él quiere ser tu ayuda (Oseas 13:9). El cristiano que está lejos de Jesús no es nada (Juan 15:5). No te engañes pensando que puedes alejarte de Dios y que todo irá bien. La parábola del hijo pródigo es un espejo para cada uno de nosotros: quien se aleja del Padre celestial lo pierde todo (Lucas 15:14).

    Te invito a que tomes este consejo a corazón y vuelvas al Señor. Su amor y gracia están siempre dispuestos a recibirte. No importa cuán lejos te sientas, hoy es el día perfecto para volver a Su abrazo amoroso.

    Oración

    Señor, te agradezco por Tu gracia infinita y por la oportunidad de volver a Ti. Reconozco que a veces me he apartado y que he dejado que el frío espiritual me envuelva. Te pido que me perdones y que me ayudes a regresar a Ti con un corazón sincero. Que Tu amor me envuelva y me sane. Ayúdame a caminar contigo cada día, sabiendo que en Ti encuentro mi fortaleza y propósito. En el nombre de Jesús, amén.

    VOLVAMOS AL PRIMER AMOR


    «Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.»
    (Apocalipsis 2:1-5)

    En estos tiempos, muchos cristianos han sido afectados por un virus espiritual llamado «enfriamiento espiritual». Este virus no muestra sus síntomas en el cuerpo, sino en el alma: disminuye el deseo de congregarse, apaga el amor por la Palabra de Dios, enfría la vida de oración y nos desvía hacia una vida mundana.

    Dios, en Su gracia, nos da el antídoto contra este enfriamiento: volver al primer amor. Este pasaje a la iglesia de Éfeso es un llamado urgente a examinar nuestros corazones, a reconocer que hemos caído en la rutina espiritual, y a arrepentirnos.

    1. Un corazón humilde para reconocer la caída

    Dios nos pide recordar «de dónde hemos caído» (Apocalipsis 2:5). Esto requiere humildad para admitir que nuestra vida no está mejor lejos de Dios. La clave para sanar el enfriamiento espiritual es darnos cuenta de que separados de Él, nada podemos hacer (Juan 15:4-5). Sin Su presencia, nuestra vida se seca espiritualmente, y perdemos las bendiciones que vienen con una relación cercana con Él.

    2. Un corazón arrepentido por nuestros errores

    Dios no solo quiere que reconozcamos nuestra caída, sino que también nos arrepintamos. El enfriamiento espiritual ocurre cuando nos desanimamos, cuando los afanes de la vida ocupan el lugar de Dios, o cuando caemos en pecado. Si hemos descuidado nuestra relación con Él, es momento de volver. A través del arrepentimiento sincero, Dios restaura nuestras vidas y nos devuelve el gozo de Su presencia.

    3. Volver a las primeras obras

    El Señor nos insta a hacer las primeras obras, aquellas que realizábamos con fervor y amor cuando recién conocimos a Cristo. Tal vez antes anhelabas pasar tiempo con Dios, amabas Su Palabra y servías con gozo. Es tiempo de regresar a ese amor genuino y apasionado, a una vida cristiana llena de fervor y devoción.

    El enfriamiento espiritual puede ser devastador, pero el Señor nos invita a volver a Él con humildad y arrepentimiento. Hoy, escucha la voz de Dios, vuelve a Su presencia y experimenta nuevamente el gozo de vivir en comunión con tu primer amor: Cristo Jesús.

    Oración
    Señor, reconozco que he dejado mi primer amor. Perdóname por haberme alejado de Ti, por haber permitido que los afanes y distracciones ocuparan el lugar que Te pertenece. Hoy, con un corazón humilde, vuelvo a Ti. Ayúdame a vivir cada día con el fervor y el amor que tenía al principio. Gracias por Tu gracia y misericordia que me restauran. En el nombre de Jesús, amén.

    EL REY NOS MANDÓ A LLAMAR

    El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.

    2 Samuel 9:3-5

    Hoy reflexionaremos sobre una historia llena de amor, restauración y esperanza, la historia de Mefi-boset, el hijo menor del rey Saúl. Aunque su vida fue marcada por la tragedia, la misericordia del rey David nos enseña lecciones profundas para nuestras propias vidas.

    Mefi-boset, un príncipe de Israel, lo perdió todo a causa de una caída que lo dejó lisiado. Pasó de vivir en un palacio a esconderse en Lodebar, un lugar desértico y sin esperanza. Su nombre mismo, que significa «el avergonzado», reflejaba su dolor y su condición.

    Quizás tú también has experimentado caídas que te han dejado lastimado, que han afectado tu caminar con Dios. Quizás has perdido tus sueños, tu alegría, o te sientes como si estuvieras viviendo en un «Lodebar» personal, un lugar de desolación espiritual.

    Pero hay una verdad que necesitamos recordar: el Rey no se ha olvidado de ti. Aunque todos te hayan dado la espalda, aunque te sientas avergonzado por tus errores, Dios sigue pensando en ti. Como Mefi-boset, a pesar de su condición, fue llamado por el rey David para restaurarlo, tú también eres llamado por Dios.

    El Rey te ha mandado a llamar. Él quiere devolverte lo que perdiste, lo que no disfrutaste por tus malas decisiones. Aunque te sientas indigno, aunque pienses que no lo mereces, Dios en su misericordia quiere restaurarte, quiere que vuelvas a sentarte a su mesa.

    Hoy es tu momento, no pierdas la oportunidad que el Rey te ofrece. No importa cuán lejos creas que has caído, el Rey te manda a llamar. Responde a su llamado, deja que Él restaure tu vida y te devuelva lo que es tuyo como hijo de Dios.

    Oración: Señor, gracias por tu amor y tu misericordia. Aunque a veces me siento indigno, sé que tú no te has olvidado de mí. Ayúdame a responder a tu llamado y a vivir la vida abundante que tienes para mí. Amén.

    TESOROS EN VASOS DE BARRO

    Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,

    2 Corintios 4:7

    En este pasaje, el apóstol Pablo nos recuerda un principio fundamental de la vida cristiana: somos vasos de barro que contienen un tesoro inigualable, la presencia de Dios en nuestras vidas. Este tesoro, representado por la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, es lo que nos distingue y nos llena de valor.

    Es interesante notar que Pablo elige la metáfora de los vasos de barro para describirnos. ¿Por qué no vasos de oro o porcelana? La respuesta es clara: Dios no busca la ostentación externa ni la fortaleza del material, sino la humildad y la dependencia en Él. Al ser vasos de barro, reconocemos nuestra fragilidad y limitación, pero también entendemos que en nuestra debilidad, Dios muestra su poder y su gloria.

    ¿Qué significa ser vasos de barro en la práctica? Significa que somos instrumentos útiles en las manos de Dios, dispuestos a ser utilizados en cualquier momento y para cualquier propósito que Él tenga para nosotros. No importa cuán ordinarios o imperfectos nos consideremos, Dios puede y quiere usar nuestras vidas para su gloria.

    Además, ser vasos de barro nos enseña a no enorgullecernos ni confiar en nuestras propias fuerzas. Todo lo que somos y todo lo que hacemos es gracias a la gracia de Dios que obra en nosotros. Por lo tanto, no debemos tener un concepto elevado de nosotros mismos, sino reconocer nuestra dependencia total de Dios y su poder transformador.

    Así como los vasos de barro eran utilizados para el uso diario y para servir a todas las personas sin distinción, nosotros también debemos estar disponibles para servir a Dios y a los demás en todo momento y en todas las circunstancias. No importa quién sea la persona que necesite ayuda o aliento, estamos llamados a ser instrumentos de amor y compasión en manos de Dios.

    En resumen, ser vasos de barro es un privilegio que nos permite llevar el tesoro de la presencia de Dios en nuestras vidas. Que podamos abrazar nuestra fragilidad y dependencia en Él, confiando en que su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Que seamos vasos útiles en sus manos, dispuestos a servir y a glorificar su nombre en todo momento.

    OREMOS: Padre celestial, te agradecemos por recordarnos que somos vasos de barro llenos de tu tesoro celestial. Ayúdanos a vivir cada día según tu voluntad, siendo instrumentos de tu amor y gracia en este mundo. Que tu luz brille a través de nosotros y que podamos reflejar tu gloria en todo lo que hagamos. En tus manos depositamos nuestras vidas, para que puedas usarlas según tu perfecto designio. Amén.

    Viviendo en el Espíritu: Un Viaje hacia la Libertad y la Plenitud

    Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

    Romanos 8:1

    En nuestro caminar como cristianos, a menudo escuchamos sobre la importancia de «vivir en el Espíritu». Pero, ¿qué significa realmente eso? ¿Es simplemente seguir reglas religiosas o hay algo más profundo en ello?

    El apóstol Pablo nos ofrece una visión clara en Romanos 8:1-8. Nos muestra que vivir en el Espíritu va más allá de simplemente obedecer mandamientos; implica una profunda conexión con Dios que transforma toda nuestra existencia.

    Primero, Pablo nos recuerda que nuestra seguridad de salvación no viene de cumplir la ley, sino de nuestra relación con Cristo. La ley solo nos muestra nuestro pecado, pero no puede salvarnos. Es solo a través de Jesús que somos libres de la condenación del pecado.

    Además, vivir en el Espíritu significa cambiar nuestra mentalidad. Nos alejamos de los deseos de la carne y nos enfocamos en las cosas del Espíritu. Esto no solo afecta nuestras acciones, sino también nuestros pensamientos y actitudes hacia la vida.

    Finalmente, Pablo nos insta a reconocer que nuestra deuda es con Dios, no con la carne. Somos llamados a vivir en gratitud por la obra redentora de Cristo, permitiendo que su Espíritu nos guíe y transforme cada aspecto de nuestras vidas.

    Aplicación Practica:

    • Dedica tiempo cada día a estudiar y meditar en la Palabra de Dios.
    • Busca momentos de silencio y oración para conectarte con el Espíritu Santo.
    • Sé consciente de tus pensamientos y actitudes, y busca alinearlos con los valores del Reino de Dios.
    • Practica la gratitud diaria por la obra redentora de Cristo en tu vida.

    Oración: Padre celestial, ayúdame a entender lo que significa verdaderamente vivir en el Espíritu. Que mi vida sea guiada por tu Espíritu Santo, transformando mis pensamientos, acciones y actitudes para reflejar tu amor y gracia. En el nombre de Jesús, amén.

    La Fortaleza de los Vencedores en Cristo

    «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados»

    Romanos 8:28

    Este poderoso versículo nos declara que somos «MAS QUE VENCEDORES» ¿Pero por qué? ¿Cómo podemos estar seguros de nuestra victoria en medio de las pruebas y desafíos de la vida?

    La promesa de Dios: Aunque enfrentemos circunstancias difíciles, Dios obra todas las cosas para nuestro bien (Romanos 8:28). Confía en que sus planes son buenos para ti, al igual que lo fueron para José, quien experimentó el favor de Dios a pesar de las adversidades.

    El amor de Dios: Nuestra victoria está garantizada porque Dios está de nuestro lado. Él entregó a su propio Hijo por nosotros, ¿no nos dará también todas las cosas que necesitamos? (Romanos 8:31-32).

    La intercesión de Cristo: Aunque fallemos, Cristo intercede por nosotros. Nuestro fracaso no determina nuestra derrota, pues él nos defiende ante cualquier acusación (Romanos 8:33-34).

    El amor inquebrantable de Dios: Nada puede separarnos de su amor. Ni la muerte, ni la vida, ni los poderes del presente o del futuro. Su amor es eterno e incondicional (Romanos 8:35-39).

    Entonces, hoy podemos afirmar con confianza que somos más que vencedores, ¡gracias al amor y el poder de nuestro Dios! Oremos para que su amor nos fortalezca y su victoria nos impulse a seguir adelante en fe y valentía. Amén.

    DESENMASCARANDO AL ENEMIGO DE NUESTRA FAMILIA.

    «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?»

    Santiago 4:1

    Con toda seguridad, si alguien nos pregunta quién es el enemigo de nuestra familia, la mayoría de cristianos responderemos: ¡Satanás! Es una realidad que Satanás es el enemigo espiritual que todos los cristianos tenemos. Pero debemos comprender que Satanás no puede tocar nuestra familia si Dios no se lo permite (Job 1:7-11). Por lo tanto, señalar a Satanás como el único causante de los problemas familiares es evadir nuestra propia responsabilidad.

    La causa principal de los conflictos familiares no es principalmente Satanás, sino nuestras propias pasiones. Santiago 4:1 nos lo recuerda claramente: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?»

    De diferentes maneras, el enemigo de nuestra familia es nuestra falta de lealtad y fidelidad (Malaquías 2:13-15), nuestro desorden en el manejo de las finanzas (Hageo 1:6), y nuestro mal carácter y maltrato hacia nuestros seres queridos (Proverbios 29:22).

    Es crucial reconocer que la deslealtad, el desorden financiero y el maltrato no son solo síntomas de problemas externos, sino manifestaciones de lo que hay en nuestro interior (Mateo 12:34).

    Oración Final:

    Padre celestial, te pedimos que nos ayudes a reconocer y superar los enemigos internos que amenazan la paz y la armonía en nuestras familias. Que tu amor y tu gracia guíen nuestros corazones y acciones, y que podamos edificar relaciones familiares basadas en la fidelidad, el amor y la compasión. Confiamos en tu poder transformador para restaurar y fortalecer nuestros hogares. Amén.

    Salir de la versión móvil
    %%footer%%