CUANDO EL “MAÑANA” YA NO LLEGUE

📖 Santiago 4:13-16

“Mañana” parece ser el día más ocupado de la semana. Siempre decimos: “mañana lo hago”, “mañana empiezo”, “mañana cambio”. Sin embargo, olvidamos una verdad profunda: nuestros mañanas no son eternos . La vida es frágil y pasajera, y solo Dios conoce cuántos días tenemos en sus manos.

Todd Henry contó una historia impactante: cuando preguntó cuál era la tierra más costosa del mundo, le respondieron: “los cementerios” .
Allí están sepultados libros que nunca se escribieron, sueños que nunca se intentaron, abrazos que nunca se dieron, palabras que nunca se dijeron y propósitos que nunca se iniciaron.
No porque esas personas no quisieran… sino porque pensaron que siempre habría un mañana .

La pregunta es: ¿Cómo evitar que esto nos pase a nosotros?
¿Cómo vivir de tal forma que cuando se nos acaben los mañanas, hayamos cumplido la voluntad de Dios con nuestros días?

1) Hoy debo asegurar mi destino eterno (2 Corintios 6:1-2)

La salvación no es un tema para “mañana”.
Dios dice claramente: “He aquí, ahora es el día de salvación” .

Miles siguen posponiendo lo más importante de la vida diciendo: “lo voy a pensar”, pero ¿qué hay que pensar cuando hablamos de eternidad?
Los ninivitas no esperaron (Jonás 3:4-8). Ellos entendieron que tal vez mañana era demasiado tarde .

La decisión más urgente de tu vida es recibir a Cristo HOY.

2) Hoy debo valorar más a las personas que a las cosas (Lucas 12:15)

Jesús dijo: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Hoy vivimos obsesionados con tener , y descuidamos por completo el ser :

  • Ser mejor

  • Ser mejor padre

  • Ser el mejor hijo de Dios

  • Ser mejor servidor

Las cosas se usan. Las personas se aman.

La tragedia de muchos es que dedican su HOY al “tener”, creyendo que “mañana” habrá tiempo para “ser”. Pero llegará el día cuando los mañanas se acaben, y lo que verdaderamente recordarán quienes te aman no será lo que tuviste, sino lo que fuiste .

3) Hoy debo hacer lo que Dios me llama a hacer (Proverbios 3:28)

Cuantas veces dijimos: “Mañana lo hago”.
Mañana ayudo, mañana pido perdón, mañana reconcilio mi corazón, mañana inicio ese proyecto, mañana doy ese paso de fe…

Pero ¿por qué esperar?

  • Si vas a ayudar a alguien, hazlo hoy (Proverbios 3:28).

  • Si tienes conflictos, arréglalos hoy (Lucas 12:58).

  • Si has ofendido, pide perdón hoy (Mateo 5:23-24).

  • Si Dios te dio un sueño o una visión, da hoy el primer paso (Mateo 14:27-29).

No sabes si mañana tendrás la oportunidad.


APLICACIÓN PERSONAL

Pregúntale hoy al Señor:
¿Qué debo hacer antes de que se me acaben mis mañanas? Quizás es reconciliarte con alguien, comenzar a servir, abrazar más a tu familia, retomar tu relación con Dios o tomar una decisión espiritual pendiente.

Hoy es un regalo. Hoy es una oportunidad. Hoy es un llamado de Dios.


ORACIÓN

Señor, gracias por regalarme este día. Ayúdame a no vivir posponiendo lo importante. Enséñame a valorar a las personas, a obedecerte hoy ya caminar con propósito. Quita de mí la pereza espiritual, el afán y las distracciones que me hacen desperdiciar mis días. Dame sabiduría para tomar decisiones eternas y valentía para dar los pasos que tú me pides. Hazme vivir de tal manera que, cuando se acaben mis mañanas, pueda decir que cumplirá tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén.

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DIOS TIENE MEJORES PLANES PARA TU VIDA

Isaías 42:1-3 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. 2 No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. 3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.


Si hoy se nos preguntara qué pensamos sobre nosotros mismos, ¿qué responderíamos? Tristemente, muchas veces los pensamientos que albergamos sobre nuestra vida son pensamientos negativos: de menosprecio, rechazo, enojo, reproche y frustración.

¿Pero por qué tenemos estos pensamientos negativos sobre nosotros? La respuesta puede ser que:

  • Hemos tomado decisiones equivocadas en el pasado.
  • Hemos dejado pasar oportunidades valiosas.
  • Hemos desperdiciado tiempo en cosas que no nos han edificado.
  • Confiamos en personas que nos fallaron y nos lastimaron.
  • Nos apartamos de los caminos de Dios y nuestra vida espiritual se ha enfriado.

Los versículos que hemos leído nos hablan de manera profética sobre el carácter del Mesías, nuestro Señor Jesús. Aquí encontramos dos elementos que podrían reflejar nuestra condición emocional y espiritual: la caña cascada y el pábilo que humea. Estos elementos, aunque parecen débiles e inútiles, nos muestran el corazón de Dios hacia nosotros.


I) La Caña Cascada

La caña era una planta común en los ríos de Israel, apreciada por su utilidad en la fabricación de instrumentos musicales y muebles. Sin embargo, cuando la caña se volvía cascada, es decir, quebrada y gastada, ya no servía para nada. Ya no emitía un buen sonido ni podía utilizarse para crear objetos valiosos. Era vista como inservible.

Quizás hoy te sientas como una caña cascada. Tal vez te sientes agotado, cansado de luchar, desgastado por las decisiones y errores del pasado. Te preguntas si aún puede salir algo bueno de tu vida. Sin embargo, la palabra de Dios nos asegura que Él no quebrará la caña cascada. Al contrario, Él tiene planes nuevos para ti, pensamientos de paz, y un futuro lleno de esperanza.

Jeremías 29:11 nos dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.»
Dios no te ha abandonado. A pesar de los errores y sufrimientos, Él cumplirá su propósito en tu vida (Salmo 138:8).


II) El Pábilo Que Humea

El pábilo era una mecha utilizada para iluminar las lámparas de aceite. Cuando se quedaba sin aceite, ya no emitía luz, solo humo, y lo común era apagarlo y reemplazarlo. Tal vez alguna vez fuiste una llama ardiente para Dios: tu vida espiritual estaba llena de pasión, servías con todo tu corazón, compartías el evangelio, adorabas y amabas al Señor. Pero, con el tiempo, el fuego se apagó, y hoy te encuentras como un pábilo que humea, con la sensación de que ya no hay vida en ti.

Quizás piensas que tu primer amor con Dios se ha perdido, que nunca volverás a sentir esa pasión. Pero Dios no apagará el pábilo que humea. Él restaurará tu fuego espiritual, te dará nuevas fuerzas a través del Espíritu Santo, y te ungirá con aceite fresco (Salmo 92:10). Dios quiere avivar el fuego del don que Él ha puesto en tu vida (2 Timoteo 1:6).


Dios tiene planes mejores para tu vida. Sus pensamientos hacia ti son buenos, y Él quiere hacer realidad esos planes, pero para ello es necesario que nos acerquemos a Él. La invitación es clara: Buscadme, y viviréis (Amos 5:4).

Dios no te ha olvidado. Él tiene una nueva oportunidad para ti. Aunque te sientas como una caña cascada o un pábilo que humea, Él te sostiene, te restaura y te da un futuro lleno de esperanza. ¡Acércate a Él hoy y permite que Él obre lo mejor en tu vida!


Oración :

Señor, gracias por tu amor inmenso y tu misericordia. Hoy te pido que sanes las heridas de mi corazón y me restaures como solo Tú sabes hacerlo. Aunque a veces me siento agotado y sin fuerzas, confío en que tienes planes mejores para mi vida. Dame fuerzas para seguir adelante, y aviva en mí el fuego de tu Espíritu. Ayúdame a acercarme más a Ti y a vivir en el propósito que Tú has preparado para mí. En el nombre de Jesús, amén.

¿POR QUÉ DIOS PERMITE EL SUFRIMIENTO?

«Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción.» (Job 5:7)

El sufrimiento es una realidad en la vida de cada ser humano. A menudo nos preguntamos: «Si Dios es amoroso y misericordioso, ¿por qué permite que suframos?» Esta es una pregunta legítima, y la Biblia nos ofrece respuestas que nos llenan de esperanza.

La clave está en comprender que Dios, en Su infinita sabiduría y amor, permite el sufrimiento con propósitos específicos y buenos para nuestras vidas. Como Viktor Frankl, un sobreviviente del Holocausto, lo expresó: la desesperanza nace del sufrimiento sin propósito. Pero cuando encontramos un propósito en nuestro dolor, la desesperanza se desvanece, y la fe en Dios se fortalece.

¿Cuales son algunos de esos propósitos de Dios en nuestro sufrimiento?

1. El Sufrimiento Prueba Nuestra Fe Dios usa las pruebas para refinar nuestra fe, tal como el oro se purifica en el fuego (1 Pedro 1:6-7). Es en medio del sufrimiento que realmente descubrimos en quién hemos puesto nuestra confianza. ¿Nuestra fe es auténtica? ¿Estamos dispuestos a confiar en Dios incluso en las tormentas de la vida?

2. El Sufrimiento Nos Enseña Paciencia La paciencia es un fruto del Espíritu que se cultiva en medio de las pruebas (Romanos 5:3). Cuando nos encontramos en situaciones que no podemos cambiar, aprendemos a esperar en Dios, confiando en Su tiempo perfecto. Esta paciencia nos lleva a experimentar la respuesta de Dios en nuestras vidas.

3. El Sufrimiento Nos Permite Experimentar la Fuerza y el Consuelo de Dios Es en nuestra debilidad que la fuerza de Dios se hace evidente (2 Corintios 12:10). A través del sufrimiento, aprendemos a depender completamente de Su poder y consuelo. Cuando reconocemos nuestra debilidad, permitimos que Dios se manifieste poderosamente en nosotros.

Dios nunca nos deja solos en nuestras pruebas. Sus brazos están siempre abiertos para ofrecernos consuelo y fortaleza. Y al experimentar Su consuelo, también nos capacita para consolar a otros que atraviesan dificultades similares (2 Corintios 1:3-4).

Reflexión Final: El sufrimiento no es una señal de abandono por parte de Dios. Al contrario, es una herramienta que Él utiliza para moldearnos, fortalecernos y acercarnos más a Su corazón. En medio de la prueba, aférrate a la promesa de que «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien» (Romanos 8:28). Dios tiene un propósito, y ese propósito es siempre para nuestro bien y Su gloria.

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